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miércoles, 29 de febrero de 2012

Pitanzas precolombinas 2


O qué seguían comiendo nuestros antepasados los indios, después que llegaron los españoles.

Por Jorge Surraco Ba

Ya hemos tratado la alimentación de los pueblos del litoral argentino que en gran parte se basaba en productos de la caza, la pesca, la recolección y en menor medida de la práctica de una agricultura rudimentaria. También hemos comprobado en testimonios que hemos recogido personalmente en las islas Lechiguanas, como la caza de animales silvestres, especialmente nutrias, carpinchos, vizcachas y chajaes,  sigue siendo una fuente importante para la dieta de los pobladores. Lo que nos ha resultado curioso es la predilección de algunos insectos como fuente gastronómica.

Rafael Jijena Sánchez en su hermoso libro “El Curioso Entretenido”, en un relato que titula “Pastel de hormigas” reproduce una anécdota vivida por el sabio Humbolt (1) en su primer viaje por Sudamérica en 1799; dice así:
Viajando por Río Negro, en Venezuela, el sabio Humbolt llegó una vez a cierta choza en la que había varios indios sentados alrededor de una hoguera de malezas comiendo una especie de masa blanca salpicada de negro que atrajo su curiosidad.
            Habiéndoles preguntado a los indígenas si el suelo del lugar era fértil, respondieron que la yuca se daba mal, pero que era una buena tierra para las hormigas y que no faltaba allí con qué alimentarse. Se referían a una especie de gruesas hormigas cuyo abdomen parece una bola de manteca. Estos insectos son colocados… en pequeños saquitos y colgados sobre la lumbre para que se sequen y curen con el humo… no se comen las hormigas por golosina, sino porque, según la expresión; su grasa es un alimento muy sustancial.
            Después que los bachacos (especie de hormiga gigante), han pasado el tiempo suficiente expuestos al humo, los saquitos son descolgados, cuando se lo quiere utilizar, y su contenido, machacado, se mezcla con harina de yuca; esto tiene un sabor como de manteca rancia con miga de pan; sin embargo, los indígenas lo comen con gran gusto y lo califican de un “excelente pastel de hormigas”.

Por su parte Víctor Ego Ducrot, recoge la misma anécdota en su libro “Los sabores de la Patria”, ubicando la situación en la isla de Dapa(2) y con mayor precisión “en el legendario Imperio del gran Paitití”(2). Dice Ducrot que según Humbolt, quién aplicó el delicado tratamiento gastronómico a los insectos fue su acompañante, el misionero Zea, para fabricar con los bichos ahumados un delicioso pastel: Mezcló las hormigas aplastadas con harina de mandioca y no cejó hasta que aceptamos probar aquella pasta, que tenía un sabor parecido al de la manteca añeja”.

No es que no tuvieran otra cosa para comer, sino de una predilección gastronómica que aún perdura en algunas zonas del planeta y no solamente entre poblaciones supuestamente salvajes, sino que Europa en plena época renacentista parece tener alguna inclinación por los insectos en la gastronomía. 

Así se desprende de las “Notas de cocina de Leonardo Da Vinci”, que si bien no trae, entre sus extrañas recetas de cocina, ninguna que incluya a insectos, sí, hace referencia a los que son comestibles y a los que no es conveniente llevarse a la boca. Bajo el título “una lista de insectos comestibles”, incluye a grillos, abejas y algunas orugas y a continuación a arañas, tijeretas y grandes moscas entre los no comestibles. De hormigas, ni una palabra. Lo que llama la atención es que incluya a las tijeretas como insectos, salvo que no se trate del ave, sino de algún insecto con ese nombre y que no conocemos.
 
No hemos encontrado hasta ahora, ningún testimonio que haga referencia al uso de insectos en la alimentación por parte de los pueblos indígenas que tenían su hábitat en el territorio actual de la Argentina. Esto no quiere decir que haya existido, sino que no se ha encontrado documentación que lo comente. Es probable que la abundancia de productos de la tierra que no demandaban un esfuerzo considerable para obtenerlos en cantidad, determinara una alimentación que no requería de procedimientos complejos para su preparación, teniendo en cuenta además que se trataba en su mayoría de pueblos nómades. Es posible que la misma razón determinara que fueran muy pocas las poblaciones que practicaron la agricultura.




[1] Alejandro de Humboldt, fue un geógrafo, naturalista y explorador alemán (1769/1859). El primero y segundo viaje a Sudamérica los realizó junto con Amadeo Bonpland, naturalista francés, quién años después (1816) andará por Argentina y se radicará (luego de varias vicisitudes en Paraguay y Brasil), en la provincia de Corrientes, donde fallece en 1858.
[2] No hemos podido verificar este dato, pero en principio el Gran Paitití, ciudad legendaria similar al Dorado o la Ciudad de los Césares, ubicada presuntamente en la selva al este de Perú, cerca de Bolivia, mientras que el viaje de Hunbolt recorrió en esa primera oportunidad, el este venezolano.

BIBLIOGRAFÍA
Jijena Sánchez, Rafaél, El curioso entretenido, Ediciones Peuser, Buenos Aires, 1961.
Ducrot, Victor Ego, Los sabores de la Patria, Grupo Editorial Norma, Buenos Aires, 2010.
Da Vinci, Leonardo, Notas de cocina, Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 1999.


lunes, 30 de enero de 2012

Nanas de la galleta (Poesías del concurso 2010)

Con todo respeto y admiración, remedamos en el título otro de un maravilloso poema de Miguel Hernández que en algún momento transcribiremos porque cabe a la temática de este blog: “Nanas de la cebolla”. También comenzamos a cumplir con otro de los objetivos que nos propusimos al comenzar, que no se trataba solamente de publicar notas, fotografías y videos, sino también poesía que desde esa dimensión nos traiga un enfoque diverso de nuestro tema.

En esta oportunidad vamos a dar a conocer una poesía que concursó en la primera fiesta de la galleta que se organizara en Gualeguay en diciembre de 2010. Esta publicación no implica un juicio de valor sobre el poema, sino el reconocimiento a la intención de reflejar poéticamente recuerdos de infancia ligados a la galleta.


 

Solamente con nombrarte
la emoción ya me ha embargado.
¡Cuántos recuerdos hermosos
por mi vida han transitado
a la par de la galleta
como el postre más ansiado!
A esta galleta viajera la esperábamos contentos
pues sabíamos que en las bolsas
nos llegaba un gran sustento.
En la estancia en que vivíamos
no había panadería, pero desde las Tres Bocas
nos llegaba la alegría.
En un pequeño carrito, un señor las transportaba
Y en la escuela de mi madre,
tantos chicos la esperaban (Escuela nº 33) 6º Distrito.
A la querida galleta, la usaron
para un consejo un consejito discreto
las mamitas nos decían:
mis hijitas quieren noviar: ¡les falta comer galleta!

AUTORA: Susana Evangelina Enrique de Costa Comesaña.
Gualeguay, Entre Ríos.


lunes, 19 de diciembre de 2011

UN ALMUERZO EN GUALEGUAY HACIA 1888

Por el Prof. Gustavo Cichero
Don Segundo María Gianello
Al leer las noticias que publicaban los diarios de nuestra ciudad hace más de cien años, resultan más que interesantes y curiosos los datos brindados sobre costumbres y personajes.
 Actualmente hay datos que resultarían intranscendentes para nosotros, pero en el Gualeguay de antaño guardaban gran importancia. La prensa escrita, reservaba un espacio especial para destacar y describir con detalles eventos sociales, como matrimonios, bailes, tertulias o comidas. En ‘La Discusión’ del viernes 1º de junio de 1888, se publica un extenso artículo sobre el almuerzo brindado por el entonces Jefe de Policía, Segundo María Gianello.

Con un tono ameno y casi cómico, el testigo del almuerzo nos brinda una cuantiosa información sobre este acontecimiento social de nuestro pasado.
A continuación se transcriben algunos párrafos del artículo
 “Nuestro simpático y distinguido jefe de Policía, siguiendo su costumbre tradicional, ha querido celebrar ayer su cuadragésimo cuarto cumpleaños con una fiesta hermosa y placentera, llena de encantos y atractivos […].
‘Las Delicias’ es el poético nombre dado por nuestro Jefe a una chacra de su propiedad, situada en el extremo este de la ciudad y por cierto el nombre se halla perfectamente en armonía con el lugar de que se trata, por las bellezas y primores que ofrece aquel lindo y pintoresco panorama. No hubo tarjetas, ni invitaciones especiales, pero los amigos íntimos del Sr. Gianello se encargaron de propalar la grata nueva del almuerzo que en breve circuló con la velocidad del relámpago. […] todo el mundo como es natural se dio por invitado […].
En doscientas personas se calcula la concurrencia que ayer acudió a ‘Las Delicias’, dispuestas a devorar como Heliogábalos [Hombres dominados por la gula] la inmensa colección de provisiones […]

La caminata a ‘Las Delicias’, los aires puros del campo y los juegos y ejercicios a que previamente se lanzaron los comensales, abrió su apetito de una manera feroz; no eran las 11 y ya algunos no podían resistir la comezón interna del estómago, que pedía a gritos reparación para reforzar las extenuadas energías, por eso se les veía peregrinar con sus restos lánguidos y sus caritas enjutas en derredor de los fiambres, de las lenguas conservadas, de los salchichones, de los pasteles, de los pavos gordos y rellenos, del tradicional asado con cuero y de otras etcéteras de igual peso y calibre.

Felizmente, las impaciencias no tuvieron tiempo de asumir las formas de una sublevación, porque momentos después de la hora señalada, se dio la señal del combate, y aquí es donde te quiero ver escopeta!
Dos mesas largas como noche de invierno, viéronse pobladas inmediatamente por aquella jovial y distinguida muchedumbre que se abalanzó jadeante sobre los manjares, como el halcón se lanza sobre la inerme presa. 
 Los platos iban y venían con rapidez asombrosa; no se daba paz a la mano ni reposo a la mandíbula batiente; volaban como por encanto aquellos platonazos de tiernos y apetitosos manjares y corría de mano en mano y de vaso en vaso el cordillera [vino] […], el jerez, etc. […]

Satisfechos los estómagos, algunos de los cuales se asemejaban al tonel sin fondo […] la alegría y la expansión reflejáronse en los semblantes y el chiste, la agudeza  […] y el diálogo espiritual y chispeante, empezaron a hacer roncha en la muchedumbre bulliciosa y juguetona.
Por fin tocó su turno al champagne […]”. (1) y con él a los discursos de algunos invitados, que enaltecieron la gestión del funcionario policial, don Segundo Gianello.
“Momentos después, la concurrencia se extendió por aquellos pintorescos lugares, dedicándose a diversiones y juegos recreativos.
A las tres de la tarde, los comensales regresaban a la ciudad, haciendo los más bellos y risueños comentarios de tan hermosa fiesta y con el alma llena de gratas emociones y dulces recuerdos”. (2)
Esta imagen no pertenece a la reunión relatada pero su entorno de época puede ser parecido.
Citas
1)ESPECTADOR. “En ‘Las Delicias’(Almuerzo a la Criolla)”. La Discusión. Gualeguay, viernes 1 de junio de 1888. Pág. 1
2) Ídem.
Fotografías
Diario La Discusión 1888.
Familia Benedetti en las chacras.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Pitanzas precolombinas - 1


O qué comían nuestros antepasados, los indios, cuando llegaron los conquistadores.

Primera parte: la región litoral sur
por Jorge Surraco

Tubérculos americanos en la visión de los conquistadores
La primera dificultad que encontramos cuando comenzamos a escribir esta nota, fue el título que debía encabezarla. Porque los términos habituales que refieren el tema como gastronomía, comida, almuerzo, alimento, banquete, festín y tanto otros, no se condicen con el contexto que deseamos describir porque en realidad se corresponden con otros ámbitos culturales. Se nos presentaron otras palabras equivalentes como yantares, que es una incorrecta sustantivación del verbo yantar (del latín “iantare”), que quiere decir precisamente almorzar y que al principio nos entusiasmó porque una segunda acepción designa un tributo de tránsito que debían pagar los habitantes de los pueblos para el mantenimiento del soberano. Por ahí también nos persiguió el verbo manducar y los sustantivos correspondientes manduca y manducación, aunque más nos gustaba el incorrecto y porteñísimo “manduques”. Pero la palabra manducar connota para nosotros algo así como comer con gula, casi con desesperación, con grosería, ideas que cuajaban más con los aventureros que llegaron a nuestro territorio que con los habitantes originarios que tenían una relación más natural con los alimentos, aún los que practicaban la antropofagia, como veremos más adelante. Por fin, en medio de nuestra confusión, surgió el término “pitanza” que deriva de “pietanza” que quiere decir “dado por piedad”. El sustantivo pitanza está relacionado con la idea de distribución del alimento o de la ración de comida distribuida entre los que viven en comunidad o a los pobres y también al alimento cotidiano. Por estas razones fue la elegida.

La segunda dificultad tiene que ver con las fuentes de información utilizables que son los relatos precisamente de los que llegaban, plenos de asombro e incomprensión, a lo que se suman las vallas idiomáticas, la cerrazón religiosa que portaban y con respecto a nosotros, el tiempo y la cultura que nos separa de esos testimonios, lo que obliga a una lectura muy cuidadosa para no caer e interpretaciones erróneas. Si bien debemos agradecer que hayan dejado esos escritos, también debemos lamentar que hayan destruido los documentos de los pueblos originarios sobre otros soportes materiales (o vivientes en la tradición oral) y que al no comprenderlos, los consideraron productos del demonio que debían ser eliminados. Al respecto es revelador lo escrito por Fray Diego de Landa en su “Relación de las cosas de Yucatán”: “Hallasmosles gran número de libros de estas sus letras, y porque no tenían otra cosa que no hubiese superstición y falsedades del demonio, se los quemamos todos, lo cual sintieron de maravilla y les dio mucha pena”. Porque los libros considerados precolombinos como el “Popol Vuh y los de Chilam Balam”, que también tienen referencias a la alimentación, fueron recogidos o transcriptos en plena conquista y por letrados conquistadores, lo que también los alejan del pensamiento original. Quedan aún por terminar de descifrar los códices precolombinos, la escritura sobre pallares de los Incas, como también los quipus (ábacos) y las estelas de los Mayas y Aztecas. En todos seguramente se encontrarán referencias a las pitanzas precolombinas pero, por ahora, solo podemos basarnos en los documentos de los conquistadores.

¿Por qué preocuparnos por lo que comían los pueblos originarios?
No es simple curiosidad sobre temas aparentemente extravagantes o insólitos sino que el estudio de la alimentación es por suerte hoy tema de la investigación académica porque “Comer implica un hecho social complejo que pone en escena un conjunto de movimientos de producción y consumo tanto materiales como simbólicos, diferenciados y diferenciadores. Y en este sentido, el consumo de alimentos y los procesos sociales y culturales que los sustentan, contribuyen a la constitución de las identidades colectivas, a la vez que son expresión de relaciones sociales y de poder.” (Marcelo Álvarez, citado por Víctor Ego Ducrot en “Los sabores de la Patria”) Más allá de la necesidad vital, del goce de los paladares y de los programas de cocina, la gastronomía es un bien cultural cuyo estudio nos puede develar datos esenciales de un pueblo tanto como lo aportan los documentos o los objetos materiales.

Muchos indios en las costas
…Y al principio parecía que no estaban cabreros. Esta fue la visión y primera idea que se formaron los conquistadores españoles cuando comenzaron a remontar los ríos de nuestro litoral.
Raúl J. Mandrini en su excelente selección de textos de la conquista sobre nuestros pueblos originarios, no dice en el estudio preliminar: “Más allá, en la Mesopotamia y junto a los grandes ríos –Paraná, Paraguay y Uruguay- vivían grupos que adaptaron su modo de vida a las condiciones ecológicas de la región. Se pueden distinguir dos tipos de poblaciones.


El primero corresponde a cazadores y recolectores del interior que, al acercarse a los grandes ríos, incorporaron la pesca como actividad económica y adoptaron hábitos característicos como el uso de canoas. Así ocurrió con los caigang en Misiones, el interior correntino y el sur de Brasil; con los charrúas en la costa oriental del Río de la Plata, en el actual Uruguay; con los querandíes, que se extendían desde el centro sur santafesino y norte bonaerense hasta las serranías cordobesas. Los primeros relatos nos dan nombres de una serie de grupos para la región del  Paraná medio y del Delta: timbúes, corondás, quiloazas, mocoretas, chanás, Mbguás. Quizá por influencia de los guaraníes, la mayoría practicaban la alfarería y algunos realizaban algunos cultivos. 

Cada color de letras indica la misma familia linguística
El otro grupo estaba formado por tribus de horticultores amazónicos, los guaraníes, a los que los primeros viajeros dan también los nombres de chandules, gandules, carios o chandrís. Provenientes de la cuenca amazónica y tempranamente instalados en Misiones y el norte de Corrientes hacia el año 800, avanzaron hacia el sur siguiendo los grandes ríos y ocuparon importantes áreas del alto Paraná y del Paraguay. En el momento del descubrimiento había asentamientos guaraníes en el Uruguay medio, el Paraná inferior y el delta. Pueblos de clara orientación ribereña, usaron los ríos como vías de movimiento y comunicación y en sus orillas ubicaron sus aldeas, protegidas por empalizadas.” Nos ubica así a los primitivos habitantes de la región que es objeto de nuestros estudios. La mayoría de los autores, tanto clásicos como actuales coinciden en esta apreciación aunque puede haber a veces pequeñas diferencias en los gentilicios que identifican a las distintas parcialidades de aborígenes. No nos vamos a extender en este aspecto del tema, que puede ser objeto de otras notas, para poder, luego de aceptar esta descripción general, abordar el aspecto alimentario.

Salvador Canals Frau basa su estudio agrupando a las distintas etnias por familia lingüística y dedicándole párrafos importantes a cada una con respecto a lo que se llevaban a la boca.
Así para la familia lingüística “Charrúa”, compuesta según su estudio por los Charrúas propiamente dichos, los Guinuanes o Minuanes y los Bohanes, se dedicaban para sobrevivir a la “caza de venados y avestruces. Los corrían a pie y se servían de redes. Usaban las boleadoras. Practicaban la pesca en canoas monóxilas (hechas de un solo tronco) de hasta 12 brazas de largo (aproximadamente 20 metros).Se alimentaban también de huevos de avestruz (que les gustaban mucho) y los cogollos de ceibo que eran muy nutritivos. “Con sólo mascar estos cogollos, un indio puede pasar meses enteros sin probar otro alimento” (Gómez Haedo J.C., citado por Canals Frau).”

En el grupo que llama litoral, esa “región extensa y angosta que constituyen ambas riberas del Paraná en su curso inferior”, la ocupaban de norte a sur los Mepenes y Mocoretaes; Calcines, Quiloazas, Corondas, Timbúes y Carcaraes; Chanaes y Mbeguaes. Estas “generaciones”, como las llamaban los cronistas de la conquista se alimentaban fundamentalmente de la pesca. “Del pescado extraían mucha y buena grasa con la cual los Timbúes freían una suerte de bollos de tierra que era su plato predilecto. El pescado sobrante se secaba al sol y luego se ahumaba para su conserva. 

Recolección de miel según Florián Paucke
Se dedicaban también a la caza y a la recolección. Esta última se dirigía especialmente a la miel silvestre. También se menciona al arroz para los grupos del norte, posiblemente silvestre. La caza tenía como objetivo a las nutrias, los venados y los avestruces. Schmidel menciona unas “grandes ovejas como las del Perú” que posiblemente fueran guanacos. (En este punto tenemos una opinión diferente que aclaramos al final)
En pequeña escala practicaban el cultivo del suelo influenciados por los asentamientos guaraníes y aruacs. Timbúes y Carcaraes cultivaban maíz, calabazas y porotos. Estos pueblos eran los de mayor cultura de la región., eran *más afables y mejor trato que los de abajo, eran labradores y tienen sus pueblos fundados sobre la costa del río*, Manifiesta Díaz de Guzmán en su “Argentina”. Ni los Meridionales, ni los septentrionales practicaron la agricultura. Por eso cuando la primitiva Bs. As. Tenía escasez, los conquistadores se dirigieran Paraná arriba  *a los Timbúes * (en la zona central) para buscar comida.” (Canals Frau)

Dejaremos por ahora de lado a los Caigang dado que ocupaban la región norteña de nuestra Mesopotamia por lo que merecen una dedicación aparte y específica. De los Guaraníes que trataremos a continuación, por ser una familia muy extendida y de fuerte influencia en toda Sudamérica, sólo tomaremos los del sur o de las islas que, según Canals Frau, eran llamados también “Chandules”. Los Guaraníes en general son también merecedores de miradas específicas por la “guaranización” que experimentaron todas las etnias que se relacionaron con ellos, dado su más elevado desarrollo cultural y por la acción de los Jesuitas que por eso mismo y su mansedumbre, los tomaron como base de su organización evangelizadora. Esa influencia es palpable hasta nuestros días en muchos aspectos de la cultura regional y en la toponimia donde encontramos resonancias de este hermoso idioma.

Los Guaraníes cultivaban la mandioca, zapallos, batata y maíz. Mandioca y batata no se cultivaban en la zona de las islas del Paraná inferior por ser “tierra fría”. La cultivaban los grupos de más al norte. Si bien los del sur no las cultivaban, las consumían y mucho. En este detalle puede advertirse otra característica de los guaraníes en cuanto a su desplazamiento por los ríos y la práctica del intercambio de productos.

La técnica de cultivo era la milpa o de roza. La preparación del terreno era tarea de hombres pero la siembra, cuidar y cosechar era tarea de mujeres.
La caza, pesca y recolección eran actividades secundarias.
Eran antropófagos igual que muchos pueblos amazónicos. Esta costumbre estaba enraizada en el sentir mágico de la población pero no se la practicaba indiscriminadamente. No se comían unos a otros. La antropofagia solo estaba dirigida a los prisioneros de guerra y el acto tenía carácter ritual. La antropofagia de los guaraníes, merecerá también que le dediquemos alguna reflexión futura.

Mandrini, en el estudio ya citado nos dice de los guaraníes que “conocían la alfarería y su subsistencia combinaba una horticultura de roza basada en el cultivo de maíz (abatí o avatí), maní (mandubí) y tubérculos –mandioca (cazabi o cazabe) y batata- con la pesca, la recolección y la caza. De la mandioca cultivaban dos variedades: poporí (dulce) y pepirá (amarga)”. Lo interesante de este párrafo es la presencia de las denominaciones originarias de los elementos.

En los textos de los cronistas de la conquista de la región que tratamos, es constante la mención a la carne como parte constitutiva de la dieta de las “generaciones” que iban “descubriendo”. No es necesario aclarar que no era carne vacuna, caballar, porcina o de aves de corral que fueran más tarde introducidas por los españoles. Esa carne provenía de la caza de carpinchos (capi-îva), nutrias (kîyá), chajaes (chajhá), ñandúes (ñandú), venados (guasuvirá), jabalíes (ca-aguî) y probablemente llamas (tatá rendî), traídas de la zona cordillerana. Más arriba, Canals Frau interpreta que son guanacos la mención de Schmidel sobre las “grandes ovejas como las del Perú” como alimentación de los aborígenes de esta zona. Por nuestra parte creemos que eran llamas porque, hasta donde hemos podido averiguar, es el único camélido americano que tiene designación en idioma guaraní. Pensamos que si comían algo (animal, planta o fruto),  tendrían la palabra para identificarlo, tal como puede comprobarse en los términos transcriptos. En los idiomas quichua y pampa, en cambio, se encuentra la denominación por separado de cada uno de esos mamíferos.

Caza de carpinchos y lobitos de río según Paucke
Salvo los cuatro últimos animales, extinguidos en la zona por el avance de la civilización, carpinchos, nutrias y chajaes siguen siendo la principal provisión cárnica de los pobladores actuales de las islas. (Ver video “Cocina Lechiguanera” en este mismo blog)


 Continuará



Bibliografía
Mandrini, Raúl J. – Los pueblos originarios de la Argentina – La visión del otro – Eudeba – Buenos Aires, 2010.
Canals Frau, Salvador – Las poblaciones indígenas de la Argentina – Hyspamérica Ediciones Argentina S.A., Buenos Aires, 1986.
Ducrós, Víctor Ego – Los Sabores de la Patria – Las intrigas de la historia argentina contadas desde la mesa y la cocina – Grupo Editorial Norma – Buenos Aires, Argentina, 2010.


domingo, 30 de octubre de 2011

Cocina lechiguanera


Este video presenta las costumbres alimentarias de los pobladores de las Islas Lechiguanas pertenecientes al departamento Gualeguay, en la provincia de Entre Ríos. Olga Isabel Muñoz, que vive en la confluencia del río Paraná Ibicuy con el arroyo El Tala, cuenta como prepara la carne de los animales silvestres que su marido caza en la zona. Chajas, nutrias y carpinchos pasan por la mesa de los pobladores de las islas, muy alejados de las ciudades, en parajes solitarios, aislados, rodeados de ríos caudalosos y una naturaleza agreste.

lunes, 26 de septiembre de 2011

PANTAGRUÉLICA CENA EN EL BUENOS AIRES DE 1857


O como comer desaforadamente sin que los demás lo noten

Llama la atención cuando se visita un museo histórico, el tamaño de los trajes civiles y militares de los próceres que lucharon tanto en la independencia como en las guerras civiles, en relación al tamaño de sables y espadas utilizadas en la lucha. Los trajes nos muestran una mayoría de esas personas, de acuerdo a los nombres que están junto a los trajes, una talla de mediana a pequeña, muy delgada, mientras que las armas de puño se ven grandes y pesadas. La imagen que los relatos escolares crean de los próceres en la mente de los alumnos es la de superhombres, por lo tanto corpulentos y fuertes. El cine que reproduce sucesos y personajes históricos universales, también se encarga de presentarlos lo más bellos, robustos y fuertes posible, en correspondencia con el imaginario popular y las necesidades del marketing cinematográfico. 
 
Que eran fuertes, no cabría ninguna duda porque si con cuerpos pequeños en relación a las tallas actuales, podían levantar semejantes espadas, sables y lanzas y mantenerlas en alto golpeando a diestra y siniestra, a pie o a caballo, durante todo el tiempo que duraban las batallas cuerpo a cuerpo, la fortaleza de esos cuerpos seguramente era descomunal.

Otro tanto ocurre cuando se piensa en los estómagos de hombres y mujeres de esa época, cuando se revisa el contenido y cantidad de las comidas que ingerían diariamente y mucho más cuando se leen los menúes de los festejos y grandes banquetes. Se puede asegurar que ninguna persona de hoy por glotón, angurriento e insaciable que sea, podría comer la tercera parte de lo que esas personas consumían. Así puede comprobarse leyendo con atención los libros, memorias o cartas escritas en esa época, dado que no existe, salvo contadas excepciones, una historia de los gustos y costumbres alimentarias de las épocas históricas. Este blog tratará de cubrir esa carencia comentando los datos al respecto que se encuentren al paso de la investigación sobre la galleta de campo.

Lo primero que se comentará en esta oportunidad es lo hallado en el libro de Lina Beck-Bernard, EL RIO PARANÁ,  Cinco años en la confederación Argentina, 1857-1862. Esta señora estaba casada con Charles Beck, empresario suizo que se radicó en Santa Fe en 1857 para promover la colonización agrícola con familias provenientes de Europa. Lina, en su libro, relata el viaje que realizó con sus hijos para reunirse con su esposo, dejando su testimonio sobre las costumbres del país en esos años y el paisaje de las zonas que recorrió. Luego del relato del viaje desde Europa y debiendo hacer una escala forzosa en Buenos Aires antes de proseguir el viaje a Santa Fe, fue invitada a cenar a casa de una familia cuyo apellido no revela. He aquí su relato extraído de la página 61 de la edición referenciada al final de esta entrada.

Lina Beck-Bernard

“Hemos sido invitados a cenar en casa de una señora argentina, muy rica y obsequiosa. El marido, europeo, ha querido que la comida se prepare y sirva a usanza del país, para que nos hagamos una idea exacta de sus hábitos gastronómicos.” A continuación realiza una interesante descripción de la dueña de casa, de su hermana y del ambiente de la casa donde son recibidas: “Antes de pasar al comedor, entramos a un salón muy hermoso, donde nos recibe la dueña de casa, acompañada de su hermana, distinguidísima mujer, de una rara belleza. Ambas se expresan perfectamente en francés. Doña Ángela es del tipo andaluz, facciones nobles y regulares, rostro mate pero de tonos agradables, muy graciosa y con una espléndida cabellera, como no hay otra, según dicen, en Buenos Aires.” Lamentablemente no da ninguna información sobre el grosor de los cuerpos, considerando lo que viene después. No obstante, de acuerdo a imágenes, tanto pictóricas como literarias, estas señoras llenaban holgadamente sus ampulosos vestidos. Claro, era otro el canon de belleza en esos años, muy distinto al actual.

  
“Van entrando las personas invitadas. A las cinco nos sentamos a la mesa. Sirven, primero, una…” Se reproduce a continuación el menú en forma de columna para que pueda apreciarse mejor como si se estuviera leyendo una carta de comidas. En el original está todo transcripto de corrido.
“…sopa de macaronis cocidos en aceite;…
…luego el puchero, carne de vaca hervida con verduras y arroz,…
…después papas cocidas, dulces,
…un pavo relleno con especias y pasas;
…un pastel de maíz pisado con azúcar y almendras;
…empanadas cubiertas de crema acaramelada, que contiene pescado frito, tomates, aceitunas, pasas de Mendoza, cebollas, pimientos, ajos, hierbas aromáticas; (un relleno no muy dietético… Pero siguen otros platos):
…guiso o asado con zapallo y salsa de pimentón;
…para terminar caldo, servido en lindas tazas de porcelana.
…También sirven vino y,
… cómo postres, abundancia de frutas venidas de Montevideo, uvas, manzanas, peras, higos.
Después de cenar, tomamos el café en el salón, como en Europa. La dueña de casa, eximia pianista, cuyo talento musical nada común sería reconocido en cualquier parte, nos proporciona una hora deliciosa.”

Un dato interesante que revela este testimonio, es que la cena comenzaba a las cinco de la tarde, seguramente para poder hacer honor a la totalidad de semejante mesa, terminando a una hora prudencial antes de ir a dormir. Otro detalle a considerar, si bien este texto no lo dice, no sólo es la cantidad de platos, sino el volumen de los mismos, dato que se podrá corroborar en otra nota con otras fuentes que se publicará en una entrada futura.

Indudablemente, con respecto a la reflexión hecha en la cabecera de esta nota, los habitantes de Argentina en el siglo XIX no solamente tenían brazos vigorosos sino también estómagos muy resistentes o que la fuerza de los primeros era consecuencia de poderosos jugos gástricos producidos por los segundos a partir de semejantes ingestas. Otro detalle que llama la atención es la mencionada pequeña talla de los trajes de la mayoría de los héroes a pesar de las tremendas comilonas a las que eran afectos. Realmente envidiable.

Doña Lina Beck-Bernard ofrece en su libro gran cantidad de pintorescos informes sobre las costumbres que conoció y paisajes que recorrió, comentarios que darán posibilidades de nuevas notas a este blogger.

Jorge Surraco

BIBLIOGRAFÍA

Beck-Bernard, Lina: El Río Paraná (Cinco años en la Confederación Argentina, 1857-1862 – traducción de José Luis Busaniche. Emecé Editores S.A., 2001, Buenos Aires, Argentina.

Ducrot, Víctor Ego: Los Sabores de la patria (Las intrigas de la historia argentina contadas desde la mesa y la cocina) 2ª ed. – Grupo Editorial norma, 2009 – Ciudad de Buenos Aires, Argentina.



viernes, 26 de agosto de 2011

Memorial de Tahoneros 3-Los Guerscovich.wmv


La Panadería Guerscovich es una de las más antiguas de Gualeguay. Don Isaac, padre de Don Martín y abuelo de Horacio, los actuales dueños, llegó a las colonias judías de Entre Ríos a finales del siglo XIX, principios del XX , proveniente de Rusia y al no tener práctica agrícola, como muchos de los colonos de ese origen, buscó otras actividades que le permitieran sobrevivir a su pobreza. Llega a Gualeguay, después de intentar suerte en otros lugares y comienza con la panadería en 1926 en el mismo lugar donde hoy se encuentra. He aquí otra historia relacionada con la galleta gualeya.