Revisando
nuestro archivo de notas y revistas, encontramos el N° 12 de la revista “Selecciones Folklóricas” del año 1966,
publicado por la Editorial Codex, donde pudimos leer la nota sobre “El Puchero” de Juan Carlos Merlo, que
ahora compartimos.
HISTORIA ANECDÓTICA DE PALABRAS CRIOLLAS
Por Juan Carlos Merlo
Dejando
para otras especialidades y circunstancias el enfoque lingüístico, aquí nos
complacemos en recoger el fruto de esos estudios, pero sazonado como para que cualquier
paladar lo saboree, sin especial preparación.
Tras la
apariencia ligera y anecdótica acaso se descubra cuánto enseñan las palabras
con las vicisitudes de su propia vida. No es ocioso descubrir, tras nuestros
muy criollos términos de todos los días, resonancias que nos llegan del corazón
de la América prehispánica o de períodos áureos de la cultura europea.

Veamos un caso que se repite a menudo: es muy común
usar la palabra que designa un recipiente para señalar el contenido de éste.
"Sírvase una copa" equivale a decir "sírvame vino u otra bebida
en esa copa". "Olla" se dice desde muy antiguo
en España tanto para nombrar la conocida vasija como la comida que en ella se
prepara y que, en todos los países hispanohablantes, se llama también "puchero".
Con esta última palabra ocurrió un fenómeno similar.
Puchero es la forma castellana equivalente del latín pultarius y ya había
testimonio de su uso actual en el siglo XII.
Pero pultarius para los romanos era sólo
el nombre de la vasija que usaban para cocer el puls, una antigua comida
que preparaban con harina, agua y sal y que probablemente fuera similar a las
gachas o puches de los españoles. En el uso castellano, la palabra pasó a
designar tanto la vasija como una nueva comida que en ella se cocía. Todavía en
un pasaje de Blasco Ibáñez se usa "puchero" con el sentido
de "vasija":
"...
Una fila de pucheros desportillados pintados de azul servían de macetas sobre
el banco de rojos ladrillos... "
Ya en la mayor parte de América se ha perdido este
viejo significado y con esta palabra se designa sólo el plato, tan lejano por
cierto de aquel magro puls que comían los romanos primitivos,
aunque también en parte diferente del que preparan los españoles.
En efecto, en nuestras pampas cambiaron los
ingredientes del típico puchero español. La carne de cerdo y especialmente los
garbanzos eran indispensables en el plato peninsular, como se deduce de este pasaje
de Lope de Vega:
"quedaríase
mi puchero para la noche, que en verdad que no le había echado garbanzos, por ir
de presto a misa... "
En cambio, en el puchero criollo se incorporó el
choclo, la mazorca tierna del maíz que ya era apreciado alimento de los
aborígenes de la parte sur del continente. El choclo tomó aquí su nombre de la
palabra quechua "choccllo" en la que se modificó levemente la
pronunciación, y se incorporó a la alimentación como ingrediente de varios
platos criollos de clara ascendencia indígena, pero también del puchero que
tenía ya su nueva ciudadanía.

"...se
eligieron los pedazos de charqui más gordos, se hizo un gran fogón, colocando
en él una olla para cocinar un pucherete y cocer el resto de choclos que quedaba", (cap. XIX).
De esta palabra se han mantenido vivas algunas formas
figuradas. Con su antiguo valor de "alimento o sustento diario"
se usa en frases como "ganarse el puchero" que equivale
a "trabajar
para vivir", "ganarse el pan" o como
dicen los españoles "empinar el puchero". Es que, tanto en España como en
América, el pan y el puchero han sido el símbolo de todo alimento, de lo que es
más indispensable para vivir, como en la vieja metáfora bíblica. Sobre este
significado se ha formado "pucherear" que vale tanto
como "trabajar
o ganar apenas para vivir, apenas para comer un puchero".
Por último tiene plena vigencia entre el pueblo el
antiguo giro "hacer pucheros" que con el significado de "hacer
gestos que preceden al llanto" se lee en este pasaje del Quijote:
".
. .el cual Sancho, hallando a la ama y a la sobrina llorosas, comenzó a hacer
pucheros y a derramar lágrimas".
Como se ve, pasados más de veinte siglos, una palabra
tan estrechamente unida a las costumbres de pueblos tan lejanos ha podido mantener
su sentido casi inalterado.
Un recipiente dio su nombre a uno de los alimentos
típicos y tradicionales de los pueblos hispánicos.